Contexto social

Las relaciones sociales se han visto desbordadas hasta el punto de que se han superado temporalmente las divisiones que separan a las poblaciones, como la edad, el género, el sector de actividad, las convicciones ideológicas o incluso las adhesiones deportivas. Mismo la barrera más poderosa, la que separa a la casta política del pueblo, ha sufrido grietas. El poder soberano de la gente movilizada en la calle está a punto de dar vuelta la página de la historia más negra del país.

El régimen económico y político ha ejercido su control sobre la población durante decenios, pero ha tenido que ceder terreno ante la movilización. Chile experimentó con el neoliberalismo hasta su clímax, un modelo impuesto durante la dictadura y modernizado por el régimen democrático conservador. Este brote popular es también una reacción a los gobiernos de centroizquierda que han llevado a cabo reformas «en la medida de lo posible» bajo la tutela de la oligarquía en el poder. La Constitución de 1980 sigue siendo un bloqueo y su modificación completa sigue siendo el principal reto de la lucha entre los de arriba y los de abajo. Sin embargo, las réplicas del terremoto chileno hacen presagiar muchos peligros.

El gobierno actual ha intentado acallar la movilización de la manera más brutal posible y el balance humano resultante es enorme. El grado de violencia de los aparatos policiales ha alcanzado niveles impresionantes de barbarie. Y las heridas del pasado dictatorial han resurgido de manera traumática. Durante varios días, los chilenos han experimentado en sus propios cuerpos los sentimientos contradictorios del pueblo en lucha. Con los artistas, cantaron y bailaron. Junto con los heridos y las familias de las víctimas mortales, lloraron y reprimieron su rabia. El objetivo de las fuerzas represivas ya no parece limitarse al mantenimiento del orden público, pero hay pruebas que sugieren firmemente la intención de castigar, herir e incluso mutilar a los manifestantes.

La injerencia de las fuerzas armadas en el terreno civil y político es también particularmente inquietante, tomando en cuenta sus estrechos vínculos con el Southern Command, brazo armado de los Estados Unidos en el continente latinoamericano. En efecto, la activación de las placas tectónicas del continente ha revelado el frágil equilibrio geopolítico de la región. El golpe de Estado en Bolivia hace vislumbrar lo peor, como el resurgimiento de grupos de extrema derecha con tendencia fuertemente autoritaria e incluso fascista.

El despertar chileno plantea numerosos interrogantes que es necesario debatir entre los pueblos que luchan contra el mismo flagelo: el capitalismo globalizado. El pueblo de Chile ha logrado colocar su imaginación de emancipación en el centro de la sociedad, pero necesita toda nuestra solidaridad. En Ginebra hemos creado una Plataforma de Unidad Social para responder a sus reivindicaciones, luchas y llamamientos. También aquí tratamos de separar los tabiques artificiales que nos separan, suizos, extranjeros, hombres, mujeres, estudiantes, activos o jubilados, para poner primero al hombre en lugar del beneficio capitalista. ¡Invitamos a la población local a participar en este proyecto porque el intercambio entre los pueblos es fundamental en este momento!

Articulo redactado por Esteban MUNOZ y publicado en el periódico ginebrino Le Courrier / 06.12.2019

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